Por Marco Llano M.

Deberíamos hablar de otra cachetada albirroja al cacique en su propia casa, y es que por tercera vez en cinco años Curicó se lleva tres puntos desde la ruca, el golazo de Jason Flores, el buen rendimiento de varios, aprovechando lo muy desarmado que se vió el equipo de Quinteros, que a ratos se vió ridiculizado. Un festejo que llegó muy tarde.

Un triunfo que podríamos gritarlo hasta los cuatro vientos, gritos de cientos de hinchas enconados y fieles, contrastado con la amargura de un pueblo albo preocupado por el viaje a Venezuela, que es una patada en los huevos, por eso se jugó un dia jueves. Nada de eso se vió porque se jugó a puerta cerrada. Un triunfo que debía ser refrendado con la euforia en los pupitres visitantes, nada de eso pasó, la cara de tres metros de algunos periodistas curicanos, mucho mas que la de Borghi que como todos sabemos es muy parcializado con su Cacique, hacía presagiar el triste destino.

Y lo que ocurrió en la sala de conferencias del monumental fue aun mas decidor, mientras los que estábamos del otro lado de la grieta lo escuchabamos como si nada, los que supuestamente tenian la primicia, totalmente confundidos, ni aparecieron, no solo los que desde hace meses vienen quebrando la interna con noticias malintencionadas como el caso de los supuestos 80 palos, tambien los que horas antes la liaron parda garantizando en las “multiplataformas” que Curicó perdía el partido. Quizá si eso hubiese ocurrido, la noticia quiza pasaría piola, pero no, Curicó ganó, y todos creían que la tormenta pasó.

Pero el que realmente tenía la primicia no fue alguien ni de uno o del otro bando de la prensa, sino que un medio totalmente ajeno a esta batalla campal, exactamente 24 horas después del lúgubre partido. La reunión duró dos horas, si bien la energía tras el partido la habria recobrado, ya era demasiado tarde, el rendimiento estaba ya lejos del 45% previsto y la antepenúltima posición era ya muy incómoda.

La noticia ya corría en todos lados y las reacciones en la ya insalvable grieta ya era evidente, mientras unos parafraseaban la cuña de Azkargorta, “Muerto el perro se acaba la rabia”, otros hacian violentos llamados a quemarlo todo, ya sea en forma de marchas, cacerolazos, o incluso en asamblea de socios. La Guerra Civil de La Granja ya había estallado, y todo eso era predecible, mas encima.

Atras quedó la camadería, la euforia, los 10 mil hinchas en caravana a Macul, la invasión a Paraguay, los abrazos, las risas. Hoy todo es pasado muy lejano a pesar de que pasaron ya tres meses de aquello, las seis derrotas en linea en La Granja, las supuestas camas, los bajos rendimientos de los refuerzos, terminaron por desatar la peor crisis institucional desde el milagro que don Mario, hace ya 23 años, logró con sus propias manos, hacer que el club no desaparezca, y hoy mira apesadumbrado desde arriba no solo como acabó la prodigiosa aventura de su hijo, sino como hoy una ciudad entera arde en el fuego de la rabia, de la locura, de la desesperación, como nunca en la historia reciente habia ocurrido no solo aquí, sino en el resto del pais, porque Curico Unido sigue siendo el unico club de su gente, esa gente que hoy está unida bajo una consigna.

Y lo mas increible de todo, es que ese fuego, no lo desató una derrota, todo lo contrario.

Foto: El Telescopio
Foto: El Telescopio

Agregar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *