De aquel “los suizos son unos quesos” poco queda. Lo mejor fue la reacción al momento de la desventaja.

Suiza no falló en su estreno de la Eurocopa. Los helvéticos, superiores a pesar de la mejoría de Hungría tras el descanso, demostraron su ‘etiqueta’ de favoritos del grupo, junto a Alemania.
Se impusieron a los magiares, liderados por Aebischer que dio una lección de fútbol en el primer tiempo, una clase sobre cómo sentenciar un encuentro. Asistencia, en el primer tanto, y gol, el segundo llevó su sello. 86 años después, Suiza se ‘vengó’ de la derrota del último enfrentamiento entre ambas selecciones en una fase final en el Mundial de 1938. Por entonces ganaron los húngaros 2-0. Hoy, los helvéticos 1-3.

El fútbol son destellos. Con una genialidad, un detalle de mucha clase, llegó el primer tanto. Akanji jugó desde la medular para Aebischer, que se inventó un pase en profundidad espectacular para regalar la diana a Duah. Definió, eso sí, el 18 a la perfección en el mano a mano ante Gulácsi. Un gol con suspense, porque el colegiado señaló primero fuera de juego y, tras la revisión del VAR, subió al marcador en el 12′.
Aebischer estaba en estado de gracia. Y con un fantástico golpeo desde la frontal marcó el 0-2 de Suiza al filo del descanso, en el 45′, para certificar el dominio helvético en el primer tiempo y para rubricar una gran actuación personal: asistencia y gol.

Suiza manejó el encuentro desde el inicio. Tenían más balón los de Murat Yakin. Akanji casi siempre iniciaba las jugadas. Y Hungría, mientras, presionaba la salida y esperaba su oportunidad, que llegó a los 10 minutos aún con 0-0. Fiola salió como una bala por el costado derecho y cedió para que Sallai golpeara alto desde la frontal. El guión del partido estaba claro.

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